Varadero: un espejismo bajo el sol socialista
por Librado Linares Garcia
Varadero, con su arena blanca y su mar turquesa, alguna vez fue presentado como el paraíso del Caribe. Hoy, sin embargo, ese paraíso se parece más a un espejismo: hoteles gigantescos con más de veinte mil habitaciones en total, pero pasillos vacíos, piscinas desiertas y restaurantes que apenas sirven lo básico. La ocupación, en plena temporada alta, apenas roza el 25%. Es como un teatro con butacas llenas de polvo y un escenario sin actores.
El socialismo real ha convertido a Varadero en un lugar donde la belleza natural choca contra la ineficiencia. La basura se acumula en las calles, la electricidad se corta como si fuera un lujo, y los campos agrícolas que deberían alimentar a la región apenas producen frijoles. La papa, símbolo de la mesa cubana, no se sembró por falta de semillas y agua. El turismo internacional, otrora motor de divisas, se ha marchado: Canadá y España reducen vuelos, cansados de la mala calidad del servicio y de los problemas sanitarios.
El Caribe dividido en dos mundos.
Mientras Varadero se hunde en la parálisis, Punta Cana florece. Allí, el capitalismo ha levantado un imperio de hoteles modernos, servicios eficientes y ocupaciones que superan el 80%. El contraste es brutal: en un lado, el socialismo que promete y no cumple; en el otro, el mercado que, con todas sus imperfecciones, atrae inversión, genera empleo y sostiene un turismo competitivo.
Punta Cana es un jardín abierto al mundo, donde cada dólar invertido se multiplica en nuevas habitaciones, aeropuertos renovados y servicios de calidad. Varadero, en cambio, es un jardín abandonado, donde la maleza crece más rápido que las soluciones.
La metáfora de un país.
Varadero no es solo un balneario: es el espejo de Cuba. Un país que vive atrapado en consignas, que se aferra a un modelo agotado mientras observa cómo sus vecinos prosperan. El mar sigue siendo azul, la arena sigue siendo blanca, pero el sistema que lo administra ha convertido la abundancia en escasez y la promesa en fracaso.
El Caribe nos ofrece una lección escrita en sus playas: donde el socialismo construye espejismos, el capitalismo levanta realidades. Cuba necesita romper el círculo vicioso de la ineficiencia y abrirse al mercado y a la democracia. Solo entonces Varadero dejará de ser un escenario vacío y volverá a ser lo que la naturaleza quiso: un verdadero paraíso.


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