Angola, Cuba y la Guerra Fría: una historia de imposiciones disfrazadas de solidaridad.

Por Librado Linares Garcia

Por décadas, la narrativa oficialista cubana ha exaltado la intervención militar en Angola como una epopeya internacionalista que contribuyó a la liberación de África. Se afirma que Cuba ayudó a derrotar el apartheid, a liberar Namibia y a consolidar la independencia angoleña. Sin embargo, una mirada crítica revela que esta intervención fue, en muchos aspectos, una intromisión ideológica que favoreció a un régimen autoritario y sofocó alternativas legítimas.


🟥 Neto y el golpe institucional

Agostinho Neto, líder del MPLA, proclamó la independencia de Angola en 1975, pero lo hizo excluyendo a los otros dos movimientos que también lucharon contra el colonialismo portugués: UNITA y FNLA. Al instaurar el unipartidismo marxista-leninista, Neto se autoasignó como jefe inamovible, consolidando un régimen que derivó en décadas de guerra civil. La oposición angoleña, especialmente UNITA, ha denunciado este acto como un golpe institucional que traicionó el espíritu plural de la lucha anticolonial.


⚔️ Cuba contra UNITA: ¿solidaridad o represión?

Más del 80% de las acciones combativas del ejército cubano en Angola se dirigieron contra UNITA, un movimiento angoleño legítimo. Esto no fue una guerra contra el colonialismo, sino una guerra civil internacionalizada. Cuba, lejos de actuar como mediador o fuerza de paz, se convirtió en brazo armado del MPLA, ayudando a consolidar un régimen excluyente. La presencia cubana no fue neutral: fue ideológica, militar y profundamente intervencionista.


🧱 Corrupción, permanencia y decisiones a puerta cerrada

El MPLA ha gobernado Angola desde 1975, primero con Neto, luego con José Eduardo dos Santos por casi cuatro décadas, y ahora con João Lourenço. Aunque se han prometido reformas, la oposición denuncia que el sistema sigue siendo profundamente corrupto y clientelar.

En Cuba, la decisión de participar en esta guerra se tomó a puerta cerrada, al más alto nivel del poder político, sin consulta popular ni aprobación parlamentaria. No existía —ni existe— un parlamento plural y democráticamente elegido que pudiera debatir el envío de tropas ni los recursos materiales y financieros que sustentaron esta intervención. Fue una decisión impuesta, no consensuada.


🩸 El costo humano: muertos, mutilados y familias rotas

Miles de soldados cubanos murieron o quedaron mutilados en Angola. Familias enteras sufrieron la pérdida de hijos, padres y hermanos en una guerra ajena a los intereses de la nación. El dolor fue silenciado por la propaganda, que convirtió el sacrificio en mito, sin permitir un debate honesto sobre el costo humano de esta aventura militar. Muchos de los que regresaron lo hicieron marcados física y emocionalmente, sin reconocimiento ni reparación adecuada.


🇿🇦 Namibia y el apartheid: ¿mito o mérito?

La propaganda oficialista cubana sostiene que la intervención en Angola fue decisiva para la independencia de Namibia y el fin del apartheid. Pero esta afirmación ignora otros factores fundamentales: la presión internacional, las sanciones económicas, la resistencia interna sudafricana y el colapso del bloque soviético. El apartheid estaba destinado al fracaso por su propia injusticia estructural. Cuba contribuyó militarmente, sí, pero no fue el factor determinante.


🕰️ ¿Quién llegó primero?

Cuba ya estaba en África antes del conflicto angolano, con misiones guerrilleras lideradas por el Che Guevara en el Congo (1965) y Jorge Risquet en apoyo a movimientos africanos. Sudáfrica intervino en Angola en 1975, justificando su entrada como una acción preventiva contra la expansión comunista y para proteger sus intereses en Namibia. Ambos países actuaron bajo la lógica de la Guerra Fría, usando a Angola como tablero geopolítico.


📌 Conclusión

La historia oficialista cubana sobre Angola y África está llena de silencios y glorificaciones. La intervención cubana no fue solo solidaridad: fue una apuesta ideológica que favoreció a un régimen autoritario, prolongó una guerra civil y marginó a millones de angoleños. En Cuba, se decidió sin consulta, se ejecutó sin transparencia y se pagó con sangre. Reconocer esta complejidad no es negar los sacrificios de los soldados cubanos, sino entender que la historia no se escribe solo desde los discursos triunfalistas, sino también desde las voces silenciadas.

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