Tres mujeres y tres destinos políticos

 por Librado Linares Garcia


En el tablero convulso del hemisferio occidental, tres mujeres concentran la atención y las expectativas de millones. Cada una, desde su propio escenario, encarna un tipo distinto de liderazgo y enfrenta dilemas que ponen a prueba tanto su carácter como la solidez de las instituciones que las rodean.



María Corina Machado surge como la voz indómita de la resistencia venezolana. Su trayectoria está marcada por el coraje: desafió abiertamente al chavismo, denunció el fraude electoral de 2024 y encabezó las protestas en Caracas, aun a riesgo de su libertad y de su vida. Ese arrojo le valió el reconocimiento internacional con el Premio Nobel de la Paz, símbolo de que su lucha no es solo nacional sino universal. María Corina representa la fuerza moral que se enfrenta a un régimen enquistado, aunque su desafío mayor sigue siendo transformar esa legitimidad en poder político efectivo.





En contraste, Delcy Rodríguez encarna la paradoja. Durante años fue parte del núcleo duro del chavismo, corresponsable de sus excesos autoritarios. Sin embargo, la ausencia de Maduro la colocó en un rol inesperado: asumir la conducción del Estado y, bajo presión internacional, encabezar una transición hacia la democracia. Su tarea es comparable a una obra de orfebrería: desmontar desde dentro el aparato que ella misma ayudó a consolidar, mientras enfrenta la resistencia de figuras como Diosdado Cabello y sus colectivos armados. Entre las tensiones con Padrino López, más distante, y Jorge Rodríguez, más proclive a negociar, Delcy se mueve en un terreno minado. La pregunta que flota es si realmente cumplirá el cometido o si terminará atrapada en las contradicciones de su propio legado.





Por su parte, Claudia Sheinbaum gobierna México desde la izquierda institucional. Heredó una economía abierta y pujante, beneficiada por el T-MEC, lo que le permitió desplegar políticas sociales que han reforzado su popularidad en sectores populares. Sin embargo, su gestión está marcada por sombras: la penetración del narcotráfico en su partido, Morena, y las sanciones de Estados Unidos contra políticos vinculados al crimen organizado. A ello se suma un gesto diplomático que ha levantado sospechas: la concesión del Águila Azteca a Miguel Díaz-Canel, un acto que muchos interpretan como una señal oscura de complicidad. De la misma manera que AMLO fue cuestionado por esa condecoración, Claudia es vista con recelo por su marcado interés en beneficiar al régimen castrista con ingentes cantidades de petróleo, incluso antes y después del cierre del suministro hacia la isla. Esa relación con Cuba, teñida de sospechas y dinero mediante, proyecta dudas sobre la transparencia de sus motivaciones y compromete su credibilidad internacional.





Epílogo


Tres mujeres, tres caminos:  
- María Corina, la resistencia que se convierte en símbolo.  
- Delcy, la paradoja de transformar lo que antes defendió.  
- Claudia, la gestora que oscila entre populismo social y sospechas de connivencia con regímenes autoritarios.  

En ellas se refleja el pulso de América Latina: la lucha por la democracia, la tensión entre continuidad y cambio, y la sombra persistente de intereses oscuros que atraviesan las fronteras

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