Libertad vs. Autocracias: el verdadero rostro de la votación sobre Irán
por Librado Linares Garcia
La reciente resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que condena las ejecuciones, la tortura y los asesinatos en Irán, fue aprobada con el respaldo de numerosos países. Sin embargo, lo que más llama la atención no es tanto la aprobación en sí, sino el bloque de naciones que se opusieron: Cuba, China, India, Pakistán, Indonesia, Irak y Vietnam, entre otros. La lista no es casual ni anecdótica; revela un patrón inquietante en el comportamiento humano y político de los Estados.
Los que votaron a favor: una encomiástica defensa de la dignidad humana.
El voto positivo de países como Francia, Alemania, Reino Unido, España, Italia, Canadá, Estados Unidos, Chile, Costa Rica, Japón, Corea del Sur, Australia, Sudáfrica, entre otros, merece ser destacado.
- Europa Occidental y del Norte reafirmó su tradición de colocar la dignidad humana en el centro de la política exterior.
- América del Norte mostró que, pese a sus contradicciones, sigue siendo un referente en la defensa de libertades fundamentales.
- América Latina, con países que han sufrido dictaduras, recordó que la memoria histórica obliga a no ser indiferentes ante la represión.
- Asia-Pacífico, con democracias consolidadas como Japón, Corea del Sur y Australia, demostró que el desarrollo económico no puede desligarse de los valores universales.
- África, con Sudáfrica como símbolo, aportó la legitimidad de quienes han vencido al apartheid y saben lo que significa la opresión.
Estos votos son más que gestos diplomáticos: son una afirmación de que la libertad y la dignidad humana no son negociables.
Los que votaron en contra: autocracias que se reconocen entre sí.
Cuba, Irak y Vietnam no se alinearon contra la resolución por mero espíritu de confrontación con Occidente. Lo hicieron porque comparten la misma naturaleza autoritaria. Son regímenes con expedientes negros en materia de derechos humanos, que encuentran en la solidaridad mutua un escudo frente a futuras condenas.
India: una democracia imperfecta en tensión.
La situación de India requiere un análisis distinto. Formalmente es la democracia parlamentaria más grande del mundo por número de habitantes. Sin embargo, bajo el liderazgo del primer ministro Narendra Modi, se ha visto un deterioro democrático marcado por el auge de un nacionalismo hindú que ha erosionado derechos de minorías, especialmente musulmanas.
- India sigue siendo una democracia, aunque cada vez más clasificada como imperfecta.
- Su voto en contra puede explicarse por dos factores:
- Dependencia energética: India compra petróleo a Irán y busca mantener relaciones pragmáticas con Teherán.
- Cálculo político interno: el discurso contra la expansión islamista refuerza la narrativa nacionalista, lo que hace que condenar a Irán resulte incómodo.
Aun así, lo que ocurre en India es un juego de niños en comparación con China: pese a sus retrocesos, sigue existiendo pluralismo político y elecciones competitivas, algo ausente en el modelo chino.
China: la gran incógnita del orden mundial.
El caso de China merece especial atención. Con la segunda economía más grande del planeta, un ejército poderoso y ambiciones de hegemonía global, su voto en contra revela mucho más que una postura coyuntural.
La pregunta es inevitable: ¿qué tipo de orden mundial está promoviendo China?
- Si su modelo se impone, el sistema internacional podría transformarse en un espacio donde la soberanía del Estado opresor y el poder militar y económico pesan más que la dignidad humana.
- Bajo esa lógica, los derechos universales quedarían subordinados a la conveniencia política de los gobiernos, legitimando la represión como un asunto interno en el que nadie debe intervenir.
- Su negativa a condenar atrocidades en Irán es una señal de alarma: el futuro que proyecta no es uno de derechos universales, sino de control autoritario y blindaje de regímenes represivos.
Conclusión.
La votación sobre Irán no fue un trámite diplomático más. Fue un espejo que mostró con crudeza la división del mundo: los que defienden la libertad y los que protegen la autocracia.
Los países que votaron a favor merecen reconocimiento por sostener la bandera de la dignidad humana. Pero la sombra de China, acompañada por otros regímenes autoritarios, nos obliga a estar alertas. El orden mundial que se está gestando no es neutral: o se construye sobre la libertad, o se hunde en la legitimación de la crueldad.

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