José Martí: símbolo traicionado, esperanza recuperada.

 por Librado Linares Garcia



En el aniversario de su natalicio.

Cada 28 de enero, Cuba recuerda el nacimiento de José Martí, apóstol de la independencia y pensador universal. Pero más allá de las flores y las antorchas, el verdadero Martí parece cada vez más lejano del discurso oficial que lo invoca. Martí fue un librepensador radical, un defensor de la preeminencia de los derechos individuales frente a cualquier forma de opresión, y un crítico agudo del colectivismo estatal que anula al ser humano.



Martí contra el socialismo autoritario.

En sus escritos, Martí advirtió sobre los peligros del socialismo cuando este se convierte en instrumento de dominación estatal. En una carta a su amigo Fermín Valdés Domínguez, escribió:

> "El socialismo, como lo conciben algunos, es la esclavitud del hombre por el Estado."

Y más adelante:

> "El Estado que todo lo da, todo lo quita. Y el hombre queda reducido a una sombra."


Estas palabras, ignoradas por quienes hoy lo manipulan, revelan su profunda preocupación por la pérdida de la libertad individual bajo sistemas que subordinan al ciudadano a la maquinaria del poder.



La marcha de las antorchas: símbolo vacío.

La reedición de la marcha de las antorchas desde la Escalinata de la Universidad de La Habana, en la noche del 27 de enero, fue una muestra clara de la instrumentalización política del legado martiano. Jóvenes, estudiantes, militares (en proporción excesiva) y otros segmentos etarios participaron en un acto que, lejos de honrar al Martí auténtico, lo convirtió en siervo de la politiquería.


El discurso de la presidenta de la FEU fue un ejemplo de posverdad en estado puro: apeló a las emociones, a una historiografía al servicio del poder, y al culto a la personalidad de Fidel Castro. En cambio, los verdaderos problemas del estudiantado universitario fueron silenciados:


- Infraestructura constructiva en ruinas  
- Medios de enseñanza insuficientes  
- Declive de la calidad docente  
- Falta de horizonte profesional  
- Escasez de espacios para el ocio sano  
- Éxodo juvenil por desesperanza existencial  



Martí como solución, no como fetiche.

La marcha significó una falsificación del sentir y las aspiraciones de la juventud cubana. Martí no puede ser reducido a un símbolo decorativo del poder. Martí debe ser recuperado como guía ética y política, como defensor de la dignidad humana, como voz crítica frente a cualquier forma de opresión.


Hoy más que nunca, invocar al verdadero José Martí es un acto de resistencia. Es recordar que la libertad no se mendiga, se conquista. Que el pensamiento no se uniforma, se cultiva. Que la juventud no debe marchar por consignas, sino por convicciones.


Martí vive, pero no en los discursos vacíos. Vive en cada joven que se atreve a pensar, a disentir, a construir un país donde el individuo no sea aplastado por el Estado, sino elevado por la justicia.

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