Inmigración, derechos humanos y el dilema del Estado-nación en el siglo XXI

 por Librado Linares Garcia


La inmigración ha sido uno de los pilares fundamentales en la construcción de Estados Unidos. Desde las primeras olas europeas en el siglo XIX hasta las actuales comunidades latinoamericanas y asiáticas, el país se ha caracterizado por absorber diversidad y transformarla en dinamismo económico y cultural. Sin embargo, en el presente, el debate migratorio se encuentra tensionado entre dos polos: la necesidad demográfica y económica de recibir inmigrantes, y el temor político y social a perder cohesión, seguridad y control.  



Demografía y economía: la inmigración como necesidad estructural.

Estados Unidos enfrenta una baja tasa de natalidad (≈1.6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo) y una alta expectativa de vida (más de 78 años). Estos factores generan un envejecimiento poblacional que amenaza la sostenibilidad de pensiones y sistemas de salud.  


La inmigración se convierte, entonces, en un recurso indispensable:  

- Los inmigrantes representan alrededor del 15% de la fuerza laboral.  
- Sectores como agricultura, construcción, salud y servicios dependen de ellos.  
- La correlación entre inmigración y crecimiento del PIB es evidente: entre 1990 y 2010, el aumento de inmigración coincidió con un crecimiento sostenido de la productividad.  
- Además, los inmigrantes son protagonistas en la innovación: más del 40% de las startups tecnológicas en Silicon Valley tienen al menos un fundador inmigrante.  



ICE y los límites de la ley.

El problema surge cuando la política migratoria se gestiona desde la represión. Los abusos del ICE —muertes en operativos, negligencia en detención, uso excesivo de la fuerza— son violaciones a la ley y a los principios democráticos.  


- En 2025 se registró el mayor número de muertes en centros de detención desde 2004.  
- En enero de 2026, dos personas fueron abatidas en Minneapolis, generando protestas masivas.  
- Organizaciones como Amnistía Internacional y la ONU han denunciado un patrón de abusos sistemáticos.  


La diferencia con regímenes autoritarios es clara: en EE. UU., estos actos son anomalías dentro de un sistema democrático que permite la protesta y la exigencia de rendición de cuentas.  



Ecos del movimiento por los derechos civiles.

El incipiente movimiento de inmigrantes por sus derechos recuerda, en espíritu, al movimiento por los derechos civiles de los años 50 y 60.  


- Ambos nacen de la marginación y la violencia institucional.  
- Ambos se apoyan en la protesta social y buscan cambios legislativos profundos.  
- La diferencia es que los afroamericanos ya eran ciudadanos y podían exigir igualdad dentro del marco legal, mientras que muchos inmigrantes carecen de ciudadanía y derecho al voto.  


Aun así, la historia demuestra que la movilización social puede abrir caminos hacia reformas. Así como la Ley de Derechos Civiles de 1964 transformó la sociedad estadounidense, un eventual marco legal de regularización migratoria podría redefinir el futuro del país.  



El dilema del Estado-nación

Desde la implementación del Estado-nación moderno, cada gobierno se reserva el derecho soberano de decidir quién entra y quién se queda. En un mundo de tensiones geopolíticas, el temor a que comunidades extranjeras sean utilizadas por potencias rivales, o que el crimen organizado se afiance en guetos marginados, es legítimo.  


Sin embargo, la respuesta no puede ser la represión indiscriminada ni la criminalización de la inmigración. La clave está en lo que muchos defienden: una inmigración ordenada, legal y segura, que preserve la soberanía sin renunciar a la humanidad.  



Comparación con regímenes autoritarios.

La represión en Irán bajo el Ayatolá muestra el contraste: allí, las violaciones de derechos humanos son consustanciales al orden teocrático.  

- Más de 3,000 opositores políticos han sido ejecutados en los últimos años.  
- Mujeres, minorías religiosas y homosexuales son sistemáticamente discriminados.  
- Las protestas son reprimidas con saña, sin posibilidad de contrapesos institucionales.  


Mientras que en EE. UU. los abusos del ICE son violaciones a la ley que pueden ser denunciadas y corregidas, en Irán la represión es parte del sistema mismo.  



Conclusión

El debate migratorio en Estados Unidos es un espejo de las tensiones globales entre seguridad y derechos humanos. Los abusos del ICE muestran los peligros de una política basada en el miedo, mientras que la represión en Irán recuerda lo que ocurre cuando la violencia se convierte en norma.  


La inmigración, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad para revitalizar la economía y enriquecer la cultura. El reto está en encontrar el equilibrio: proteger la nación sin traicionar los valores democráticos que la sostienen.

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